6 de febrero de 2014

Rugidos y cantos.

Son rugidos que se enmudecen en cada hora nona, mientras los salpican de sudor y sangre, los labradores, en labores de malhechores, esclavos de la tierra que los gobierna con la mano de un rufián, los ojos de un derechón barbudo y el pulso de algunos llamados votos en blanco, que dictaminan sentencias ordinarias de muerte viva.

Son cantos que se escabullen entre los pajares de mentirosos que engañan al bastón desde un sillón de diseño, se llaman bancos pero ni te dejan uno donde reposar las carnes trémulas, después de una expulsión de tu tierra, tu espacio, tu libertad, libertad que son paredes.


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