2 de junio de 2013

Poder ser y poder estar.

No siempre la dignidad se consigue dejando que alguien se adentre a lo más interior de nosotros. Esa incertidumbre de, a veces, no saber dónde está pisando, qué escalón estará subiendo en un momento determinado; o quizás, hacia dónde baja, en qué dirección, hurgando entre nuestras entrañas efímeras de los pensamientos o los sentimientos.

También nos pierden a veces las fuerzas por lanzarnos a un vacío, un camino sin recorrer, a estrenar, teclas de piano que aún no han sido tocadas por los dedos del cariño, de la maleza, o de la indiferencia.

La dignidad de ser alguien para alguien se consigue... no sé cómo se consigue, pero se sabe cuándo se es y cuando se deja de ser; en lo primero me mantengo, yo soy.

Luego, no siempre ser implica estar, con o en esa persona. Incluso, a veces se está pero no se es, aunque me inclino más por yo soy y estoy. Las maneras... en eso habría que soportar el peso de la realidad, porque no siempre se está o se es de la misma manera, de igual a igual, o, incluso, no se sabe en qué punto inflexionan ambos pareceres en el otro.

Cuán complicado es estar, porque implica mantenerse con la misma fogosidad de antes, in crescrendo, y ser pues conlleva sentir, aunque sentir, seguimos sintiendo, sin parar, siempre sentimos, siempre hacemos sentir y siempre nos hacen sentir.

Pues sintiendo, siendo y estando, deseo con mis ansias de felicidad perdurar hasta envejecer y tornar a otra vida, nueva quizás, abstracta puede ser, o simplemente cuando ya deje de ser por la propia naturaleza, en mí mismo.
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