16 de diciembre de 2011

DISPARAR A LA LUNA

Sí, las cosas cambian, se destruyen los planes que tenías para un futuro cercano, sobre todo cuando más seguro estás de lo que quieres, lo que eres, y sobre todo, lo que quieres ser. 

A veces el miedo, otras el cansancio de volver a empezar, en cambio en otras ocasiones solo es la frialdad con la que vemos venir los sucesos, las cosas que nos pasan, como tormentas que no se controlan.

Entonces, la virtud -si es que la hay- está en que hay que afrontar esas tormentas y tener siempre preparada la ropa de agua. En cualquier momento puede desatarse el diluvio universal y anegar cada uno de los planes, vidas, asuntos que tengas en mente.

Y sin darle más vueltas a esta absurda idea de "aguanta nena" que una vez vi en un póster en "Los Simpson", no creo que todo eso sirva de algo, porque ni nunca sabemos lo que queremos al 100%, ni tampoco hay tormentas tal que puedan destrozar algo que no es seguro, porque si no estamos en lo cierto, la idea desaparecerá, si es un buen plan, el asunto aguantará pese a que truene o relampaguee con fuerza durante mucho tiempo.

Ergo, como un pianista sordo, como un futbolista cojo, como un pez en la montaña, como el bien sin el mal, así podemos llegar a estar, pero alguna fuerza debe quedar para escribir al menos lo que quedó de nuestros sueños, de nuestros planes. 

Creo que nada está totalmente perdido hasta que se abandona esa persecución constante hacia la meta diseñada en nuestra cabeza. Muchos hechos en el mundo pueden ser testigos de que cualquier cosa que se piense, que se crea posible, por remota que sea, se puede llevar a acabo. El problema, mejor dicho, mi problema, es no saber qué meta realmente tengo, hasta donde quiero llegar; me faltan planteamientos, y hecho de menos eso.

Estudié, practiqué, salí, conocí, jugué, me divertí... hice muchas cosas pero nada hago ahora más que dedicarme a dejarme llevar por lo que queda del yo que tuve y que poco a poco se está acabando. No sé si tengo que esperar a que se agote para crear otro nuevo que puede no ser prudente, o quizás deba encontrar la manera de dejar de dar vueltas en círculos en la espiral de mis pocos años pasados.

Una vez me comentaron que sólo lloraba de un lado a otro, y sería verdad, por eso dejé de hablar con ese alguien. Supongo que al menos puedo desquitarme de mis ansias escribiendo en este blog que cada vez se parece más a un funeral que a un cuaderno que leer.

Seguiré improvisando.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Bonitas palabras que dan mucho que pensar arriba ese animo.

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