2 de septiembre de 2011

Por fin.

Y así fué, la cama estaba helada, hoy que han caido las primeras aguas que dejan olor a otoño en las calles, en la ropa, en la piel.

El frio de las sábanas no era más que la ausencia, el vacío, la quietud. Pero por fin en mucho tiempo he de decir que la vida me está dando algo de tranquilidad, sosiego e ilusión.

Recuperación hospitalaria de un familiar, algo de trabajo y conocer a alguien nuevo. Todo ello mezclado con un buen grupo de amigos, el resultado no puede ser otro que el que es, el final de una racha que duraba ya demasiado.

Es cierto que cuanto más cerca se está de las nubes mayor puede ser la caida. Pero si Heydi no se calló nunca... Esta vez voy a pensar sólo en lo bueno, lo basicamente bueno porque lo malo ni avisa: llega, te come y te destruye por dentro.

A ciertas personas les diré desde aquí que la maldad que cultivan sólo les conduce a lo más oscuro de la calidad humana.

Y sirvan estas líneas para alumbrarme en esta noche de euforia silenciosa e interior: lo estoy viviendo y es maravilloso.

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