12 de julio de 2011

He vuelto con frases, rojas frases.

He vuelto, sí, sólo por primera vez, es mi primera vez, algo nuevo, como una voz al viento que rompe en el estruendo de los esperpentos.

El mar, tensado como la cuerda de un violín, me inunda mi garganta, porque sé de nuevo qué es esto que me destripa el pensamiento.

Sin más, he venido de nuevo por primera vez a oír tu música, ver tus dedos delicados que tañen, sobre un puente corredizo, notas de suspiros y llantos que se escapan.

Espera, sí, espera que te observe, no des la vuelta para ver a quien no aporta aire a tus pulmones, que pulse con mi lengua, de nuevo, las teclas del piano que llevas en tus mandíbulas, que muerdes.

Me lastimo al pensar que me derramo en este suelo de calor infernal, sin poder evitar, cayéndome en el vacío rojo vivo que me atrae.

Máscaras sobre mis rodillas que disfrazan las caídas que provoqué sobre mi camino, roto ya camino de retales adornados, desliz en el escenario de las luces fundidas por el rayo fulminante de mi desidia.

Y sí, he vuelto, no caigas en el error de dudar si aquí estoy, porque sabrás qué ha sido de mí en cuanto mis manos veas tendidas en el cordel, atadas por meñiques destrozados de intentar lo que no pueden hacer, son pequeños.

Durante un adagio, el Persiles destruido de locura sustenta la espada de la honra y la capa de la desvergüenza para tratara todos con injustos desmanes humanos.

Danza de los escorpiones, que no puedo aguantar, musicalidad de extrema fugacidad a mi talento fracasado.

Abierto está, el telón, la obertura ha comenzado, y todo fluye, se deja llevar el viento en melodías tranquilas que romperán pronto con la lujuria en sus papeles pautados, en busca de una nueva sombra, de un don Juan loco; al saltos lo buscan, la buscan a la sombra ya desconocida para todos, ya perdida para el amoroso personaje que nunca ha existido, no vive ahora y no estará jamás entre mi conciencia y mis manos.

El desastre está al llegar; la pérdida del tiempo y el ahorro de la paciencia se aliarán para hacerme creer que ya no estoy aquí.

Me atacan; caigo; pierdo.


1 comentario:

Álvaro Beltrán dijo...

Vuelvo desterrado de vino;
sangre y desprecio llegan rodando
como una triste moneda sin dueño.
Desde las arrugas de mis dedos
se advierten los minutos
de silencio y el lento tic-tac
del agrio desvelo.
Sueños azules que son la muerte
misma de quien oye y se retuerce.
Todas son frases descoloridas.

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