11 de diciembre de 2010

Carne y pecado: traeme los cuernos Paco, y baja del río

Para que los olvidos no sean tales; para que la maldad sea simple agua que corra entre nuestras gotas de sangre; para consguir que las lejanías puedan ser encuentros cercanos; para que todo silbe como las brisas. Para todo eso, quiero estar de pie y contemplar cómo se pasa la vida, tan gritando, y no silente, ni despacio ni corriendo, saborear también cómo los panes se convierten en peces.

La teología nunca fue mi fuerte, pero si un punto débil con que atacarme: espero la fe, voy a recibirla.

Estoy ahora mismo subrrealista, lo se, pero quiero panes, paciencia, pelotas, peonzas y peanas para mis tientos carnales.

Quiero que todo no sea como lo es todo, así que inventaré un mundo donde las nubes manden, los aires ordenen y el tiempo sea el sepulturero mayor.

Porque, como lo mejor de la vida es el adobo y la calle, prefiero vivir pringado en aceite en medio de una callejuela: todo se reduce a lo mismo, la carne y el pecado.

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