27 de septiembre de 2010

Maldito seas

Tiempo, siempre desorbitado y lento, que te detienes en las cumbres de los desatinos corruptos, las cumbres de los desesperados que buscan su gracia en el espejo cada mañana. Tiempo de las pérdidas, abruptos comienzos de estos días, días de un puzzle por completar. Horas perdidas entre papeles insulsos y grados que ganar en desesperación.

A ti tiempo, que todo lo empujas hasta no sabes donde, he de congelarte, dejar tus frecuencias secas, en una parada eterna, en un apeadero sin el tren de las doce. Quiero no tenerte, no estar atado a tus movimientos, tus impulsos, tu cara dura, tus prisas y tu pasividad ante todo; tiempo, maldito seas, que todo te lo llevas y todo lo devuelves, maldito seas, que todo lo ves y nada impides.

Tiempo, te odio tiempo.

Que se termine el tiempo, que no cuente, que se esfume como nubes de eterna vejez. Vete.

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