25 de agosto de 2010

Estorbas

Pasaron los tiempos tiernos,
quizás no todos, pero pasaron,
de cuando rozaban mis manos en tu piel,
esa de entre pecho y pecho.

Ya no podré descubrir tus senos,
desarmar la prenda de bordes rizados,
de un textil calado, de alma grana,
de perfiles entreverados de rayos,
luz de tus senos desnudos y calma.

Calma la de mi tiempo, ahora,
con las arrugas de la hiel siempre,
sacudiendo las frías estrías
de tu lengua mal criada.

Decrépita tu mirada envejecida,
muerta de sangre negra podrida,
lánguida y muerta tu mirada,
veneno de los cristales de mis ganas.

Muérete, sarna, muérete que te vea,
y no me estorbes para mirar.

Muérete, locura, muérete que te vea,
y no me agotes, déjame andar.


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