25 de julio de 2010

Enredo

Ven, acércate a la vera
de la incertidumbre.
Enloquece de idas y venidas,
con pasos y tactos lentos,
acércate a mi orilla.

Deja que los escombros se acentúen
en tus carnes libres de pecado,
atrévete a mirar al agua pacienzuda
que riega las cuentas de los ojos
mientras arrimas candela a mis oídos.

Cálmate, en los bordes de las cimas,
sube a las alturas donde verás
que mi calma es tuya,
que lo oscuro música,
que la perdición un hueco pleno
en desidias de carreteras,
no muy lejanas, una corta
y avara desnudez de mis entrañas.

Silente nuestro camino, punzadas
en los pies al caminar cerca,
cafés, y cafés perdidos,
caminos impolutos de blanca azúcar
como tu tez al sol, en días de verano,
en sangre color sangre,
en pasos, tu andadura, en un
casi pusilánime abanico de sentidos.

1 comentario:

Álvaro Beltrán dijo...

La raya del azúcar es el mar
desierto de naranjas.
El enredo mismo son las naranjas
de azúcar del mar desierto.

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