24 de abril de 2010

Un sábado santo

Aun recuerdo la primera vez que tuvimos aquello.

Mis piernas temblaban y yo, enmudecí tal como un silente prado deja al viento que sonsaque a las liebrecillas que corretean el campo sus más mínimos sonidos de cada paso.

Nuestra primera vez pasó del arrugado sofá al lánguido y de ahí, con sugerencia, pasamos a la cama, tu cama,y "la cama"y digo la cama con nombre propio porque donde por primera vez se hace, allí hay que dejar crecer la rabia, en sentimiento, las consecuencias, los arrepentimientos y el encuentro con uno mismo.

Por eso, nuestra primera vez fue eso, la primera para todo y para siempre, que las primeras veces no se olvida, y si así es es que nos parecemos demasiado al demonio.

Qué te quiera decir pueda la almohada, si la más tonta de las cosas colgadas puedan ser testigos de lo nuestro en un santo día como el sábado.

Que remate el escrito tus conclusiones, que las mías me hieren al pensar tu huida, inmadurez e insensatez.

Despierta que la vida es una y malgastarla....

Gracias, me estas enseñando a odiar.

Adiós, porque el sí de las niñas no me sirven en este camino que no me deja andar.

Feliz viaje, recuerdos a "Manneken pis".

1 comentario:

Álvaro Beltrán dijo...

Hay que esperar demasiado,
llegamos tarde, nos esperan, corre,
deja de intentarlo. No, no, no.
La cama está húmeda pero tú no tienes
ganas de levantarme la camisa.
Si estuviera excitado tendría
tus orejas en mi boca pero
cuando quiero fagocitarme
no preciso ya de tus miembros.
Has perdido las horas y ahora
llegaremos tarde.
Levanta, levanta. No tardes.

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