1 de febrero de 2010

Sevilla

La grande de España, la enfadada rebelde, roja y muda, la de los trucos en hebras de cruces santas, donde el pescaito frito te lleva hasta la misma costa que lame con su gran río, abrazos a un puerto de marineras maneras.

Arenales de barcos hundidos, donde se beben la amarga sangre de sobras, en una tarde de toro en un abril florecio, un teatro mayorazgo y artillería goyesca de un dos de mayo.

La niña chica de alta vista de veleta verde y resultona, emir de Andalucía y cimiento de la nueva dieciochesca niña atrevida, de setas por romanos salones y encima el abasto del pópulo; nuevas callejas de un rinconete perdido en sus entrañas, buscando a un cortadillo de milhojas en la campana. Campana de tinieblas de un duque luchador, regente de un inglés de corte acomodado en este pueblo de luces eternas.

Y un baldío manto de Alcalá, de tintes cobres y tacto albero, que siembra la barca dichosa que arranca un quejio a los puentes perdios, de una avenida con figuras de paralelas franqueando el corazón, con las murallas del tiempo y la paciencia.

Y una tasca, un tablao, un sentimiento acobardao, un más pa' allá del río, una nueva crianza de la misma niña, que lleva su veleta hasta la otra orilla: Triana.

1 comentario:

gaia56 dijo...

Pues no conozco ese ambiente, mi espacio es el norte cantábrico, pero he de decir que no me dejaste respirar hasta el final y el texto me encantó.
Un beso.

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