29 de noviembre de 2009

Rojo, amarillo y verde

Y tu semáforo en rojo me tira para adelante, no hace más que incitar la tentación de lograr aplaudir tu insurrección parlante y pulir las comillas encima de tu renglón. Porque no está todo escrito, eso lo sé y sabré luchar contra la vaguedad de mis sentidos, de mi locura me quedaré lo mejor, pero no dejarás que pase, esa línea delgada de cual color me vuelvo loco, tonalidad que me desespera.

El color ámbar de la incertidumbre, mi paciencia pondrá a prueba, mas la tienta a veces con la prisa, a veces que también en ámbar me desdibujo, me adapto a tu color, tu ventaja de lujuria me lubrica el seso, que lo nutre de ligereza vespertina, cada mañana, cada día.

Verde, que te quiero verde por siempre, como la yerba que se hierve en el hogar, y verde mi sentido de la cordura, verde mi sangre mal sabida a gusto de un litigio de amargor pudiente, grande, cojonante.

Rojo, amarillo y verde, trino compendio de magia confusa, incitante, de largo camino abierto. Que se rían quienes no dudan, que son felices pues ignorantes se conducen a la sinrazón; felices aquellos que no estiman, dejan pasar la sensación de elegir si gustar o gustase; traidor cupido de bombas lapa, fríos helados de nieve seca, cortada leche del cartón, medida de lo infinito en una botella que se acaba, locura perdida, esponja que empapa, el pañuelo se seca las lágrimas de un río agraviado y lleno de morralla, y yo quedo a la espera de un nuevo semáforo donde parar y sonreírte en un mínimo segundo perspicaz.

¡Al alcohol, colega!

1 comentario:

Álvaro Beltrán dijo...

Tres colores y tanto colorido...
La magia en tus palabras tiene mil trucos.

Se ha producido un error en este gadget.