21 de noviembre de 2009

Otra de huesos que aguantan

He cerrado en estos días libros sin terminar. Sabor amargo de una historia rota que se llena de polvo en cualquier mesilla de noche, de las que tiene una lámpara con luz perdida, y un pastel que nunca se llega a comer el durmiente.

Para cuando no me queden camas que explotar, en el momento en que mi cenicero no aguante más colillas, entonces, sólo entonces, dejaré de buscar un dinosaurio en un charco, ni palabras en un papel en blanco, ni sueños en un alma errante, ni tampoco, podré seguir la línea roja que me lleva a la muerte.

Cruzar los límites, romper tradicionales gestos de gratitud, pensar en vano, caerá como buscar a Roma en Roma de ruinas llena. Porque la parca no me deja descansar, que me tiene entre chanclas y tacones, a lo loco. Y ya ni Micky Mouse es capaz de saltar ante un tren de pegatina. Pasando de reír y pensar.

Hasta que me aguanten los huesos... no sé si me aguantarán mucho tiempo, quizás lo que tarda un tren en recorrer miles de kilómetros, o quizás, lo que tarda en esfumarse un cigarro de papel de dinero.

Agua, sal, botella, acantilado, paquete, destrozado, cabalgante desquiciado, yerro noble, agua fiera, lento paseas, con caminar silente.


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