22 de noviembre de 2009

Donde vaya a parar el tiempo conmigo

Me gusta que pasen las hojas del almanaque, danzando de mes en mes, disfrutado del día a día, más si está imprimido en tinta roja, como diciembre. Porque para mis ojos, diciembre es rojo, y no por la navidad, ni los dulces, ni siquiera por las luces que llenan nuestras calles año tras año. El rojo diciembre es un lazo que une, comprobado año tras año, diciembre tras diciembre. Creo, que con cada primero del mes llega un lazo nuevo, una nueva ilusión que, curiosamente, se fragua entre los días 20 y los 26 del mes anterior.

Cada año que cruza el umbral de la temporalidad, me temo que me ocurre lo mismo, ganas renovadas que comienzan desde el mayor declive de mi optimismo, pero que se refuerza en días y en aguas de lluvias que son como la gasolina para el motor.

Y a la espera de un lazo rojo, un 1 de diciembre, esperaré a ver qué buena nueva me traerá diciembre este año, pero, si cada año cambia mi fondo patrimonial de personas en mi vida, ¿qué me ocurrirá cuando no necesite un diciembre, un lazo rojo, una nueva ilusión?

Que el tiempo hable por mí, que no hay más cura que los días y más desespero que verlos pasar: <>

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