8 de septiembre de 2009

En la fauna de los imposibles

No hay mayor frustración que vivir en una incertidumbre constante, y lo digo por experiencia.

Estoy rodeado del "carne y carne", del "divirtámonos", también de "porqué no otro más", o quizás es mejor resaltar esto "por una vez más no pasa nada". En definitivas, es estar rodeado de las mayores fustraciones que pueda tener cualquiera a la hora de intentar pasarlo bien. Porque, que somos libres sobre lo que hacemos es algo evidente, pero como tenemos ese pellizquito de inseguridad, tenemos que disfrazarnos con esas socorridas frases mentales para actuar.

Parece que estoy equivocado si pienso que hay que seguir las emociones, porque todo ese royo de las apetencias y emociones, habría que cambiarlo por una tabla de sencillas normas que seguir. Me negué a seguirlas en cuanto supe que era mi pareja quien me las dictaba. Las normas están para saltarlas y no para que no ahoguen.

Pese a este planteamiento liberalizador mental que yo mismo me fabrico, me sigo encontrando por el camino con los imposibles, que fustran a una piedra, pero que a priori, nos dan tanto placer. Hablo de las tendencias al disfrute escondido, a la locura controlada por el alcohol, a la música muy alta para no escuchar. Hablo de una fiesta cualquiera, de la falta de respnsabilidades, y por más que le de vueltas, siempre caigo en el la irresponsabilidad.

¡Bendita irresposanbilidad!

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