6 de julio de 2009

UN CAFÉ AMARGO

No siempre las alturas son malas. A veces, una altura nos puede mostrar algún aprendizaje, otras, sin embargo, nos dejan andenes en obras dejadas por otras empresas en las que luchar.

Es verdad, que la filosofía vitalista a veces falla, nos dejan rastros que no son difíciles de saltar, ya fueran vayas de espinos que serán siempre fáciles de saltar comparadas con los ríos de lágrimas que puede dejar el amargor más puro de una taza de café.

Si me matan las ganas, mataré por pelear; si pierdes el botón que te sujeta, ataré yo con cinturones: pero si me dieran patadas, tendría que aguantarlas, por arqueadas que me provoque.

Todo, sin saber que la primavera duraba un segundo, que la eterna eternidad cantaba a destiempo y sin ganas en la canción de cada uno de mis días pasados.

Hoy, soy Venus de Milo sin manos.

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