28 de julio de 2009

La lengua, que hiere y aturde.

«Multo quam ferro lingua atrocior ferit»
La lengua hiere mucho más atrozmente que el hierro

He encontrado esta frase por casualidad en uno de esos portales que se dedican a hacer florecer por este mundo de Internet, la lengua oficial española. Y me he dado cuenta que no se puede estar más de acuerdo como lo estoy yo.

La lengua bien usada, como órgano fonético, y no como trozo de carne para dar placer, puede ser un instrumento de adulación perfecto, una herramienta que te puede llevar hasta el más infinito de los placeres para con tus semejantes. Pero, ¿necesitamos de un receptor que quiera ese uso de la lengua?, ¿estamos, los que amamos la lengua, condenados a desligarnos del mundo y buscar entre la cercanía de personas que vean la lengua como nosotros?, ¿qué gusta más, una lengua correctamente burda o un uso de la lengua meramente basado en comunicación básica de supervivencia?

Cuando proponemos algo, intentamos hacer un uso retórico de todos nuestros recursos, para intentar captar y persuadir a la persona a la que le dejamos nuestras más intensas miradas, miradas que a veces, son las que captan la atención realmente, pero con un discurso intenso puede atrapar para siempre.

Recientemente, un chasco así, me ha hecho que vea las situaciones de forma diferente a como las veía antes. Quien no quera oír palabras "bonitas" que se aparte. Me encanta dar lo que tengo con un buen uso de la lengua, una práctica discursiva embriagadora que enganche, a veces, pesada en sabor, olor, sonido, hasta que tenga un tacto relajante, pero no todos los individuos estan preparados para saborear, olfatear, oír y sentir en sus pieles lo maravilloso de un ligoteo lejos de expresiones como "qué pedazo de culo tienes", "que no pase hambre ese cuerpo" o cosas relativas que todos podemos imaginar.

Que se sienten tranquilos si esperan saber algún día cómo reaccionar ante frases como esta: "Ojalá pudiera tener la oportunidad de decirte todo aquello que me guardo" Feliz aquel que pueda, dichosa la que responda oportunamente.

1 comentario:

álvaro beltrán dijo...

La lengua que hiere es aquella que no necesita palabras, que se calla, que gime y suspira. La lengua que aturde es aquella que, con cuyas mínimas palabras, dice que no a las infinitas tragedias del yo.

Tantas lenguas -y lengua- que sólo sabemos que no es preciso saberla. Hay cosas que se saben solas.

Gran entrada.
Un abrazo.
Gracias.

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