21 de abril de 2009

Tan azul, amarillo y fugaz.


Un sosegado mestizo color de desafortunadas mezclas personales. Alguna ensalada de recuerdos, celos y tropiezos en charcos de colores. Posiblemente, también botellas medio llenas de rencor y paciencia de que llegue ese momento de maldad contenida.

Qué trájico. El tiempo pasa cuando más lento estoy, y más flexible soy cuanto mayor es el tiempo. Los cristales ya no dicen hola, los espejos se apagan en luz tiniebla para borrarme, las suelas de mis zapatos salen corriendo sin mis pies y casualmente, mis ojos miran para no ver lo que el decrépito paisaje me muestra.

Este bucle de retorno al principio y comienzo al final es jocoso pero cansa volver, volver y volver. Este azul no es el mismo que el de ayer, este final no es como cuan amarillos soles he saboreado en tardes al aire.

Qué cenizas me esperan, qué derrame me ensucia el nombre, qué esquina queda redonda, qué botella me deja partir otra botella, qué que me dejara dejar otro nombre en estos renglones roidos por el desánimo.

"Todo, cuatro letras que lo son todo"

Suerte en la próxima.


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