25 de febrero de 2009

Y quién para remediar esto


Vacilantes son las palabras que rozan mis dedos, que están acostumbrados a reflejar lo primero que cogen al vuelo, con tintas trasnparentes compradas del mercader que vende el tiempo. El sabor a cacao, la luz tenue amarillenta, la moneda por la cara equivocada, el retrato abandonado, los pelos cargados de peluzas de un pincel maltrecho, la fuerza de una biblia que sujeta libros prestados, lazos verdes escuridizos, la transparente botella de cuello recto y estiloso, y cientos de objetos que me rodean.


Cada día que pasa, me doy cuenta que soy uno más, un objeto más en este mar de rinconcitos entre lápices, papeles en blanco sin nada que decir, figuritas extrañas y la luz tenue que todo lo ciega. Sé que acabaré en algún rincón parecido, acumulando polvo, tiempo y vejez.


Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... y así hasta un sin fin de números que me describen, tantos como motas de vaguedad que corren por mi sabia corrupta y lenta, amarga y gris.


Y quién para remediar esto.

No hay comentarios:

Se ha producido un error en este gadget.