13 de enero de 2009

A veces, la lucha no es nada.

A veces la verdad no basta.

Lozano, blanco venezolano, lujuria inacabada, protestas invisibles; dada la circustancia me limito a recordar levemente momentos anteriores, cigarros a medio fumar, caladas al aire contaminado de los días que pasan en este rato tan largo que es la vida terrena.

Qué más podemos pedir si lo podemos hacer en los ratos pasajeros, en los momentos venideros, en el ahora de cada hasta luego, qué más podemos exigirnos cuando lentos estamos, si no deprisa podemos andar por la acera contaria a nuestra dirección, siempre en contra de nuestra dirección.

Bastante arrepentimiento ya hay en tu calle, en tu plaza, en tu vecindad, en tu casa, como para parar un tren, mas arrepentirse de uno mismo no tiene valor ninguno más del que quiera darle tus semejantes.

Alegrémosnos de estar (que no es poco), lamentémonos del otro, del que no ve más aya de sus ojeras, bolsas de trabajos, prisas estresantes y cafés casi sin tomar. Que no nos tome la pausa, que para establecernos momento ha de haber suficiente, cuando la nieve caiga sobre nuestras cabezas o la tundra se apiade de nuestra cabellera, o simplemente, cuando queramos terminar con lo empezado.

Por todo, por todos, un abrazo de mal diablo que me traiga, carbon en primavera, capullos en navidad y astucia por cumpleaños, que de paso, los años no son nadie para luchar conmigo.

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