30 de octubre de 2007

Todo como una taza de café.

Limpia, aseada, blanca pero que en poco que pide un café, se ensucia, se llena de café, de leche y se ensucia toda ella. La toma por el asa, se derrama algo en el plato, pero le añade azúcar y al remover derrama otro poco, desperdicia algo del café que quiere, no toma todo lo que quiere por su culpa. Se lo toma poco a poco porque quema, pero no se repara a que enfríe, sino toma poco a poco sin querer tragar mucho café para no quemarse, pero sigue tomando. Cuando está a la mitad, comienza a saborear lo delicioso que está el café, a la temperatura perfecta, pero se acaba poco apoco. Deja que se repose un poco para que no se acabe pronto, pero se enfría con ello pierde su exquisito sabor. Acaba de tomar el café, se vas y lava la taza de café, el plato, la cucharilla. Y pide un café, poco después. Ídem.Disolvemos en él la vida que es como esa taza de café. El azúcar son las personas que nos quieren pero que enseguida las disolvemos en el café, nosotros somos las cucharillas que lo remueven todo en el café, el que se toma el café es el tiempo, el plato es el suelo en el que derramamos el café, el café es.... el café es lo que queremos, lo que encontramos, lo que pedimos, lo que compramos, lo que el tiempo, sin querer, nos quitará porque nada es eterno.

Todo se nos acaba cuando el café se acaba, pide otro, vendrán más.

No hay comentarios:

Se ha producido un error en este gadget.